Admito no conocer mucho de televisión, y mucho menos si se tratara de compararme con un educador del área, pero cuando se trata de identificar algún tipo de aberración hacia un espacio determinado dentro de este medio, de la omisión no me hago acompañar mi querido profesor.
Aunque haya sido esa la infeliz intención, nunca será una descalificación ser un camarógrafo.
Para que ustedes, queridos lectores, vayan entiendo de qué, quién y por qué escribo estas líneas, les haré un breve recuento. Ay, velo por mi brevedad en esta columna:
Para entonces era viernes, de esos que son sociales, me encontraba en el Auditorio Manuel del Cabral de la Universidad Autónoma de Santo Domingo viendo la acostumbrada proyección anual de seleccionadas propuestas de programas televisivos de los alumnos de Periodismo Televisivo comandados por el profesor Agustín Cortés. Por mi no menciono el nombre, pero amigos míos me recomiendan no andar de olvidado e irresponsable cuando irreverencias y absurdidades se trate.
Este señor luego de concluido todo el ritual protocolar se dirigió al público para palabrear un discurso en el que daba las gracias a los presentes, a los que facilitaron la actividad y externaba un típico conformismo con relación al resultado proyectado. Programas muy mal hechos, líneas graficas malísimas y, le recomiendo mí querido profesor: primero enséñesele a los muchachos a escribir bien antes de presentar un programa de televisión o, como ese no es su deber-quizás diga usted- , por lo menos revise los trabajos antes de ser presentados.
El profesor, el señor Agustín, les decía a los padres de los muchachos que él se “había esforzado durante 7 meses para que cuando éstos estén en un programa de TV y un camarógrafo les pida algún vaso con agua éstos les hagan el favor, pero también le hagan la salvedad de que lo hacen por el vinculo amistoso-laboral que los une y que no lo volvían a hacer”. Pobre conceptualización, erróneos razonamiento.
La intención, y créanme, no era otra que establecer un sentimiento de inferioridad en los camarógrafos, y sí, aunque le cueste creerlo: esto lo hizo el director de la Escuela de Cine Y Televisión de la Facultad de Arte. Al parecer nuestro profesor ha olvidado la responsabilidad artística de un camarógrafo o del artista del lente, quizás olvidó que en la mayoría de las ocasiones –por no decir todas- el camarógrafo es quien tiene el concepto visual en la TV. O, puede ser que nuestro profesor sólo enseñe a los estudiantes a hacer zoom in, buscar foco, zum back y encuadrar…
¡Caramba! ¡Vaya palabras perversas! Sólo buscaba llamar a la reflexión. Me despido, pero antes que todo pido la indulgencia para el señor Agustín.
Edgar Sánchez
... y todo está perdido.
Publicado por Edgar Sánchez | 9.8.10 | Universidad Autónoma de Santo Domingo | 0 comentarios »
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