Crónica de un votante

Publicado por Eduardo Tejeda | 21.5.10 | 0 comentarios »

Como todas las elecciones, la entrada al centro electoral 1664 de la Escuela Pública Gregorio Luperón del barrio La Ralma de Santo Domingo Este estaba resguarda por tres guardias armados con M-16, que repetían a cada persona que entraba: "no se permiten armas de fuego, celulares ni granadas".

No tenía ni armas de fuego ni granadas, pero sí un celular por el cual tuve que devolverme al vehículo a guardarlo.

Mi mesa electoral se encontraba en el segundo piso, era un aula amplia y con todo lo necesario para realizar el sufragio. Las urnas estaban casi llenas en medio del salón, mientras los encargados almorzaban en butacas pegadas a las paredes.

Era el único votante, así que el proceso fue rápido. Tomaron mí cédula, verificaron su autenticidad, la compararon con sus libros y me entregaron dos boletas. Voté. Luego doble las hojas cuatro veces como decía la publicidad y las deposité en sus respectivas urnas.

Finalmente, firme el libro, me devolvieron la cédula y me ensuciaron el dedo con algo que parecía un desodorante. Salí por la parte trasera de la escuela y duré dos días sin ver televisión.  




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