Cuando al técnico chileno Felipe Richardson le fue asignado escribir un informe sobre la situación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), seguro pensó que su trabajo llamaría la atención de las autoridades universitarias, de los grupos estudiantiles y de los medios de comunicación. Pero nunca, que los problemas que describía hace 32 años, perdurarían hasta hoy.

El Informe Richardson, como fue titulado el resultado de su investigación, es lo más parecido a un oráculo que ha tenido la academia. Predijo el futuro sin proponérselo con afirmaciones de este tipo:
"La institución vive una situación de extrema gravedad cuya manifestación visual es el deterioro externo de sus instalaciones y la falta permanente de material para que ella opere. Sin embargo, eso no es lo más grave pues, paralelamente al deterioro físico, se ha producido una caída muy acentuada de la producción docente cuya síntesis es la fuerte disminución del número de graduados en relación con los estudiantes ingresados (inferior al 15%). Esto, a su vez, insinúa altísimos niveles de deserción y repitencia. Confirman los niveles de repitencia el análisis del tiempo que cada graduado ha tomado en exceso de la Universidad respecto de la duración programada de su carrera y, cifras que indican que cada dos alumnos que se inscriben en asignatura aprueba la misma solo uno. Así mismo, pareciera que los aspectos cualitativos de la formación no han recibido la suficiente atención, e igualmente, se constata un muy bajo nivel de actividad investigativa (14 proyectos en ejecución en la Universidad) y de extensión". Informe Richardson, 1977.
El informe también trató sobre la finalidad de la universidad como institución educativa y de su rol frente a la sociedad. Su propuesta al abandono de la política partidaria dentro de la universidad fue apoyada por parte de los profesores y rechazada por el rector, quien en ese año era el doctor Guarocuya Batista del Villar, quien calificó al Informe Richarson de "opiniones sin base".
"La Universidad es una institución política, en tanto a través de su acción contribuye a preservar o a transformar y construir un orden social; sin embargo, tal labor política la cumple haciendo lo que es lo suyo, labor académica, y no asumiendo roles que la desvirtúan. La Universidad no es un partido político y debe mantenerse al margen de ellos para preservar su propia integridad y sustancia, y para concentrarse con independencia en la docencia, extensión e investigación".

"Esto último chocará a su vez con los intereses de personas o grupos de personas que, dentro de la institución, mantienen situaciones no compatibles con los intereses de la Universidad y el país, problema que deberá estudiarse detenidamente a la luz de cada uno de los proyectos que se pretendan impulsar. Si los proyectos que se diseñan se conciben bien, no sólo desde el punto de vista técnico, sino también desde el ángulo de su factibilidad política, se podrá avanzar; de lo contrario la resistencia al cambio frustrará cualquier buena intención". Informe Richardson, 1977.
Las conclusiones del informe acapararon los medios nacionales, a tal nivel, que el periódico El Caribe publicó el texto íntegro del educador chileno. Que también describió las características de la docencia al decir que:
"Muchos de ellos (los estudiantes) arrastran serios problemas de formación sobre los cuales ha pesado grandemente la limitación de recursos y la falta de organización de los establecimientos a que asistieron". Informe Richardson, 1977.
El Informe Richardson transporta a sus lectores a tres décadas en el pasado de la UASD. Donde los problemas de ayer, son los mismos de hoy.


Eduardo Tejeda
meta30403@gmail.com





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